El Jardín de las Delicias en realidad aumentada

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El Jardín de las delicias es la creación más compleja y enigmática de Jan Gossaert Hyeronimus Bosch (S’Hertogenbosch. Países Bajos), conocido en España como el Bosco. Pero también una de las pinturas más enigmáticas en la historia del arte. Aunque el tríptico no está firmado, nunca se ha puesto en duda su atribución. Los primeros años del siglo XVI esta pintura lucía en el palacio de los Nassau, en Bruselas. La obra llegó a España cuando Felipe II se encaprichó de la misma, la compró y llevó al Escorial en 1593.

Y por el singular universo que recrea, la obra ha dado pie a todo tipo de interpretaciones: una herejía para unos, una utopía para otros, una sátira moralizadora del mundo entregado al pecado para la mayoría. Según el historiador Reindert Falkenburg, el tema general del Jardín de las delicias es el destino de la humanidad. En cuanto a la motivación del pintor, Falkenburg conjetura que El jardín de las delicias, fue pintada para generar conversatio. Algo que parece consiguió pues a todos fascina, suscitando comentarios de todo tipo.

En la sala del Museo del Prado dónde se exhibe, a diario congrega a miles de personas a su alrededor, que se esfuerzan por descifrar este maravilloso jeroglífico. El Bosco fue el creador de las ‘drolerías’, representaciones figurativas de seres grotescos que escenifican los pecados y la lucha del bien contra el mal.

Su tríptico reproduce el tercer día de la Creación del mundo, cuando se separaron las aguas de la tierra y se creó el Paraíso terrenal. En las tres escenas el único denominador común es el pecado, que se inicia en el Paraíso del panel izquierdo, con Adán y Eva, y recibe su castigo en el Infierno del panel derecho.

El Bosco recurre para moralizar sobre lo efímero de los placeres físicos a los pecados que él más reprobaba, la ira, la gula y la lujuria. Y lo consigue desde la imagen del paraíso como jardín maravilloso -tríptico de la izquierda- a los vicios de la época, presentes en el infierno pasando por el mundo al revés -panel central- en donde los hombres vuelan, los peces andan o los pájaros adquieren tamaños desproporcionados.

Jugar con el Jardín de las delicias

El otro día, tuvimos ocasión de conocer y escuchar a Christel Coolen, asesora de Cultura y Comunicación de la Embajada del Reino de los Países Bajos, durante la clase en el máster de Dirección de Proyectos Culturales que imparte La Fábrica-Fundación Contemporánea. Christel preguntó a los alumnos qué suscitaba en nosotros la obra del Bosco. Mi respuesta fue: es el ‘proyecto soñado de ARemuseum Imagino tomar como referencia el Jardín de las Delicias, y sobre esta obra generar contenidos específicos que -vía aplicación disponible en Google Play y App Store- permitan acercar más la obra a quien se acerca a ella, con ayuda del smartphone. Nuestro requisito, que solo podremos disfrutar de esta aplicación si estamos frente a la obra, pues solo por el reconocimiento de imagen se activará todo su contenido.  Se trata de una aplicación con juegos inspirados en la misma, que permitirá acercarse a este complejo tríptico y a su singular universo a través de la gamificación.

Convertir en personaje narrador uno de los personajes del cuadro. Que nos guíe e introduzca en las diferentes posibilidades de juego. Aprender jugando a entender la obra, a acertar las respuestas correctas, a profundizar, casi sin advertirlo, en las ideas y conceptos que representa. Serán algunos de nuestros objetivos. Pero también ofrecer la posibilidad de jugar en familia, en el mismo museo. Competir con ellos o con tus amigos a ver quién es más experto en El Jardín de las Delicias.

Mayte Aparisi 

FeelingLab-aremuseum

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